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Aphelion
Tu imagen incandescente aún palpita en mi retina, más débil que antes. Ni las horas, ni los días, ni los años, nada. Nada ni nadie ha conseguido apartarte de ahí, porque ese es tu hogar. Porque la miríada de estrellas que nacen de tu hálito no brilla en otra parte. Porque en el albor de la maravilla y en el ocaso del quebranto y la tribulación nunca hubo necesidad de palabras.
Pero ahora una fuerza olvidada, sin nombre ni acotación, te aleja de mi, fatal como el tiempo en su devenir. Felina.
Quizá después de jugar a ser ángeles en una tierra alejada del auspicio de los dioses solo quede lugar para la lágrima hialina.

¿Acaso no arden hasta las tinieblas dentro de mí?
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