Tu imagen incandescente aún palpita en mi retina, más débil que antes. Ni las horas, ni los días, ni los años, nada. Nada ni nadie ha conseguido apartarte de ahí, porque ese es tu hogar. Porque la miríada de estrellas que nacen de tu hálito no brilla en otra parte. Porque en el albor de la maravilla y en el ocaso del quebranto y la tribulación nunca hubo necesidad de palabras.
Pero ahora una fuerza olvidada, sin nombre ni acotación, te aleja de mi, fatal como el tiempo en su devenir. Felina.
Quizá después de jugar a ser ángeles en una tierra alejada del auspicio de los dioses solo quede lugar para la lágrima hialina.
La isocronía de mis pasos contra el caos de la ciudad. El naranja sepulta las calles y el aroma a perdición impregnado en cada esquina dilata mi incertidumbre, pero sigo caminando. En la aleación de luces y rostros solo soy uno más, pero no estoy entre ellos. Oigo de lejos las risas, el tráfico, conversaciones ajenas, me oigo a mí, mi respiración cada vez más acelerada y sobre todo el latido de mi corazón, bombeando sangre al ritmo de una desgarradora melodía que lucha por precipitarme a la realidad.
El naranja ha dado paso al índigo asfixiando voraz cualquier brote de esperanza. Necesito huir, correr, no quiero volver, quiero perderme para siempre. Nada tiene sentido. Ya solo creo en una palabra y en el tacto con tu piel diáfana.
"¿Quién eres? -Soy un extranjero para la policía, para Dios, para mí mismo."
Apaga los sentidos. Solo tú y tu conciencia en una batalla por el fin del mundo, de tu mundo...
- ¿Quién eres? - Nadie - Mientes
Ahora que divagas entre recuerdos, en el juego entre aflicción y euforia, ya no quieres ni el aire ni la luz, tan solo queda esperar. Pero hay algo que ignoras. Sufrir expande el límite de tus posibilidades hacia horizontes nunca imaginados. Abre puertas, desata tormentas, es fuego, viento, caos, es vida. Y a ti corresponde decidir que hacer con esa fuerza; permitir que te consuma, o esgrimirla.
Interrumpe el sueño, abre la ventana, desnuda tu alma y siente el abrazo del invierno. Entrégate a la oscuridad.
Las hojas que caen de los árboles están condenadas al olvido, solo esperan que el próximo suspiro no les arrebate la vida. Tú en cambio prefieres acariciar las sombras en busca del dolor.
- ¿Quién eres? - Nadie - Muere
- Jamás
"En el plano espiritual, todo dolor es una suerte"